- Papá, cuéntame el cuento mágico.
Cada noche, Julio le pedía a su padre que le contara el mismo cuento para dormir. Julio, así se llamaba también el padre, estaba harto de contar siempre el mismo cuento. Ya no era mágico para él. Le aburría hasta decir basta.
Cada noche, Julio le pedía a su padre que le contara el mismo cuento para dormir. Julio, así se llamaba también el padre, estaba harto de contar siempre el mismo cuento. Ya no era mágico para él. Le aburría hasta decir basta.
- ¿Por qué no contamos uno nuevo?
- ¡No, Papá! ¡ El cuento mágico!
Y así, aquella noche, Julio padre empezó a contar el mismo
cuento de siempre, pero antes de terminar el "Érase una vez", Julio
padre se quedó profundamente dormido.
- ¡Papá, el cuento! - suplicó Julio hijo.
Pero era inútil. Julio padre tenía un sueño profundo y
sobrenatural, y empezó a roncar con una violencia sobrecogedora. Julio hijo no
lo podía creer. Quería su cuento para dormir, de manera que cogió el cuento
mágico y lo abrió por la primera página. En realidad, él ya sabía leer, pero
que tu padre te cuente una historia por la noche te hace sentir especial, y eso
Julio hijo lo sabía perfectamente bien.
Julio hijo quiso empezar a leer, pero su padre soltó otro
ronquido, tan gigantesco que cambió de sitio las letras del cuento. Julio hijo
creyó que estaba soñando. Se pellizcó para despertarse, pero no pudo, porque no
estaba dormido. Entonces pellizcó a su padre, pero no se despertó, y volvió a
soltar un ronquido, y las letras del cuento volvieron a desordenarse, y a
formar otras palabras, y empezaron a contar un cuento nuevo y fascinante. Julio
hijo empezó a leerlo con avidez, pero entonces su padre empezó a despertarse.
Julio hijo tenía miedo de que las letras del cuento volvieran a su sitio, y
cerró los ojos para no mirar. Entonces, Julio padre, creyendo que su hijo
estaba dormido, le besó en la frente, dejó el cuento sobre la mesa de noche y
se retiró a su habitación.
El día siguiente se hizo eterno para Julio hijo. No podía
esperar más la llegada de la noche. Aún no había oscurecido, cuando Julio hijo
ya estaba bañado, cenado y acostado, y suplicaba:
- ¡¡Papá, el cuento mágico!!
Julio padre no advirtió que las letras habían cambiado de
lugar, porque antes de terminar "Érase una vez", volvía a estar
profundamente dormido, y a roncar como si juntáramos a todos los leones de la
sabana, y las letras empezaron a moverse y a continuar reescribiendo aquella
historia apasionante, que Julio hijo devoraba impaciente.
Y así ocurrió durante 6 noches más, hasta que los ronquidos
movieron la última palabra, que cerraba aquel cuento fantástico.
A la noche siguiente, Julio padre empezó a bostezar antes de
preguntar:
- ¿Te leo el cuento mágico, Julio?
- No, papá. Hoy te lo leeré yo a ti.
A Julio padre le pareció una novedad interesante y guardó
los bostezos en el bolsillo del pijama.
Julio hijo abrió el mismo cuento de siempre, y empezó a
leer. Julio padre pronto se dio cuenta de que se trataba de algo totalmente
diferente. Extrañado, le pidió el libro a su hijo para comprobar si le
estaba gastando una broma. Pero no era así. Efectivamente, las palabras habían
cambiado de sitio, y su hijo leía la historia de otro niño, que también se
llamaba Julio, que un día creció y tuvo un hijo maravilloso, al que también
llamó Julio.
"Y así, una noche, Julio padre supo que aquel cuento
que leía su hijo, era la historia de su vida", terminó de leer Julio hijo.
Julio padre cogió el libro, tembloroso y emocionado. Repasó
las páginas con cuidado, como la madre que acaricia a su bebé recién nacido.
Sorprendido, comprobó que había innumerables capítulos en blanco al final del
libro. Cada vez que pasaba una página en blanco, aparecía una nueva. Y a medida
que hablaba, todo cuanto decía quedaba escrito en aquellas páginas.
- ¿Qué está pasando, Papá? - preguntó Julio hijo. - ¿Qué
cuento se está escribiendo en estas páginas mágicas?
El padre cerró el libro, apagó la luz, besó la frente de su
hijo y contestó:
- El cuento más apasionante y maravilloso que viviremos
jamás.
Guille