En nuestra casa de locos cuerdos se leen dos tipos de cuentos antes de dormir. Los escritos en papel, bien encuadernados, y que tienen su propia habitación en la biblioteca. Y los improvisados, torpemente encuadernados por nuestras cabezas, y que, desde hoy, tienen su propia habitación en este blog. Un blog de cuentos infantiles para personas mayores. Este blog recoge los cuentos inventados, e improvisados, de Guille y Marta para Ariadna y Julieta.
viernes, 22 de mayo de 2015
Laro, el astronauta del Sol (Guille)
- Papá, ¿me cuentas un cuento inventado?
- Claro, hija. ¿De qué lo quieres?
- Mmmmmm... de un astronauta.
- ¿Y cómo se llama el astronauta?
- Laro.
*********
Laro lo tenía claro: quería ser el primer astronauta en viajar al Sol.
- Eso es imposible, hijo mío. No se puede viajar al Sol - le decían sus padres. - Está demasiado lejos, y hace demasiado calor. ¿Por qué no vas a la Luna?
Pero Laro sabía que los humanos ya habían llegado a la Luna, y él quería llegar más lejos que nadie: quería viajar al Sol.
Así que, sin prisa pero sin pausa, empezó a construir una nave especial-espacial. Espacial para viajar por el espacio, pero especial porque ninguna nave había sido hasta entonces capaz de llevar a nadie al Sol.
Entre los libros de su biblioteca no encontró ningún manual de naves espaciales-especiales. "¿Cómo puedo hacer una nave especial de verdad?", pensó. Y en seguida tuvo la mejor idea de todos los tiempos: juntar todas las cosas especiales en su vida.
Unos cuantos libros grandes y usados serían las paredes de la nave. Los dispuso con cuidado, en vertical para que se acercaran más al cielo, semiabiertos para sostener el peso de sus sueños. Su manta preferida sería el techo. Aquellas piedras pequeñas del parque que siempre se escondían en sus bambas, serían los controles de mando; las conchas de la playa que recogió el verano pasado, y que se aburrían en una caja olvidada y oscura, serían los motores voladores. Y de repente, un día cualquiera, estaba preparado para viajar al Sol.
- Papá, mamá: me voy al Sol - dijo una mañana.
Cerró la puerta de su habitación, y un ruido ensordecedor abrió la ventana y arrasó los tímpanos de todos los habitantes de aquella ciudad, mientras una luz mágica y cegadora, como la de mil estrellas fugaces, salió de la habitación de Laro hacia el cielo.
Todos los habitantes de la ciudad corrieron a casa de Laro.
- ¿Qué ha pasado? ¿Finalmente Laro se ha ido al Sol?
- Claro que no - dijeron sus padres, - Laro está en su habitación.
Pero cuando abrieron la puerta de la habitación de su hijo, solo encontraron una ventana abierta.
"Habrá ido a jugar con los amigos", pensaron.
Pero fueron pasando las horas del día, y Laro no aparecía.
El Sol fue viajando rutinariamente por el cielo, al principio azul, luego rosado, finalmente casi negro. Y sin noticias de Laro. Los padres estaban muy preocupados, pero justo cuando la Luna empezaba a asomar en la otra cara del cielo, un ruido ensordecedor abrió la ventana de Laro, y una luz mágica y cegadora recorrió la ciudad hasta llegar a su casa.
- ¡Laro! ¡Has vuelto! ¿Dónde estabas? - gritaron emocionados sus padres.
- ¡¡He ido al Sol!!
Laro estaba emocionadísimo, y no podía para de contar aventuras increíbles. Les mostró su piel morena y tostada, les contó las bolas de fuego que lanzó a las estrellas, mientras le salía humo por las orejas, y se rió mucho cuando recordó el trompazo que se pegó con el trineo volcánico mientras bajaba...
Antes de terminar la frase, Laro se dio cuenta de que tenía una sed terrible. Nunca jamás había sentido tanta sed.
- Mamá, tengo sed .
Pero no tuvo respuesta.
- Mamá, tengo sed. ¡Mamá, tengo sed! ¡¡Mamá, tengo seeed!!
Finalmente, su madre abrió la puerta de su habitación.
- ¿Qué pasa, Laro? ¿Quieres un poco de agua?
En cuanto bebió el primer sorbo, Laro se despertó y se dio cuenta de que todo había sido un sueño.
Su madre le dio un beso en la frente y cerró cuidadosamente la puerta. La luz de la Luna entraba traviesa entre las rendijas de aquella vieja persiana, iluminando un objeto extraño en mitad de su habitación. Era un cohete espacial-especial, construido con libros grandes y usados, con pequeñas piedras de su parque favorito y con conchas de la playa que recogió el verano pasado.
- Mañana iré al Sol - dijo Laro, mientras cerraba los ojos y se quedaba profundamente dormido.
******
- ¿Sabes de qué habla este cuento, Ari?
- ¿De qué?
- De que nunca hay que dejar de tener sueños.
- ¿Pues saber cuál es mi sueño? ¡Que me cuentes otro cuento!
Guille
miércoles, 20 de mayo de 2015
Hambre de dulce (Guille)
- ¡Mamá, tengo mucha hambre!
La niña se zampó la merienda antes de que aquel niño se cayera del tobogán.
- ¡Mamá, tengo mucha hambre!
Y dale. La cuestión es que ya no quedaba comida, y estaban en aquel parque tan chulo y tan lejos de todas las cosas.
- Hija, no tengo nada más, tendrás que esperar a que lleguemos a algún sitio.
- ¡Oh, por favor, no puedo más! - insistió la niña. - Pues me comeré la camiseta, - sentenció.
La camiseta en cuestión se asustó. Tenía una enorme fresa rechoncha, roja como el deseo y sonriente como un viernes por la tarde. Tenía los ojos saltones y graciosos, y unas manos torpes que sostenían alegremente un cartel que decía: "Soy muy dulce".
- No te puedes comer una camiseta, - dijo la madre.
- ¿Cómo que no? Mi mejor amiga dice que nada es imposible.
Y así, antes de que aquel niño se cayera del columpio, la niña se quitó la camiseta y la devoró con la mirada antes de empezar a tragársela con todas las consecuencias.
- ¡Esperaaaaaa! - interrumpió la fresa.
Saltó de la camiseta y gritó como si hubiera vivido siempre estampada en una pared blanca.
- ¿En serio estás pensando en comerme? ¿Te has vuelto loca? ¡Soy una camiseta! Y somos muy amigas, ¿sabes? Te acompañé al parque acuático, fuimos juntas en barca, hemos comido juntas helado de chocolate y...
Fue una bronca monumental y divertidísma.
- ¿Pero qué hacéis con la boca abierta?
La niña y la madre eran incapaces de pestañear, de cerrar la boca o de multiplicar 312 x 7.
- ¡Espabilad chicas! ¿Cuál es el problema? - insistió la fresa.
La madre jugó el papel de madre y tomó las riendas de la situación.
- Eres una fresa en una camiseta, esto no está pasando.
- ¡Pues yo no estaría tan segura! - La fresa tenía una voz de pito dulce.
Tras una breve conversación muy entretenida, pero que no cabe en la cama esta noche de miércoles, la fresa decidió ayudar a su amiga.
- ¿Tienes hambre? Pues no te preocupes, ¡yo soy muy dulce!
La fresa corrió donde estaban todos, y empezó a gritar como una loca. Al principio, todos abrieron mucho la boca, pero lentamente la fueron cerrando para sonreír, y después para reír, y finalmente para gritar "Viva la fresa", que no paraba de contar historias y mimar dulcemente todos los sueños imposibles.
- ¿Soy muy dulce? - gritopreguntó.
- Síiii - todos a la vez.
- ¡Pues ahora necesito un favor!
Y en un momento, reunió un trocito de merienda de todos sus nuevos amigos: plátano y sandía frescos y cortados a cuadraditos; galletas de la abuela con pellizcos de chocolate; zumos de colores imaginarios y frasquitos rosados de leche crecemás.
- ¿Estás contenta? - preguntó la fresa a su niña.
- Oh, fresa, ¡eres increíble!
- Pues no olvides que siempre seré amiga tuya, y que si somos dulces conseguiremos cosas imposibles.
Y, antes de que aquel niño se mojara los zapatos con el agua de la fuente, se volvió a meter en la camiseta.
Guille
La niña se zampó la merienda antes de que aquel niño se cayera del tobogán.
- ¡Mamá, tengo mucha hambre!
Y dale. La cuestión es que ya no quedaba comida, y estaban en aquel parque tan chulo y tan lejos de todas las cosas.
- Hija, no tengo nada más, tendrás que esperar a que lleguemos a algún sitio.
- ¡Oh, por favor, no puedo más! - insistió la niña. - Pues me comeré la camiseta, - sentenció.
La camiseta en cuestión se asustó. Tenía una enorme fresa rechoncha, roja como el deseo y sonriente como un viernes por la tarde. Tenía los ojos saltones y graciosos, y unas manos torpes que sostenían alegremente un cartel que decía: "Soy muy dulce".
- No te puedes comer una camiseta, - dijo la madre.
- ¿Cómo que no? Mi mejor amiga dice que nada es imposible.
Y así, antes de que aquel niño se cayera del columpio, la niña se quitó la camiseta y la devoró con la mirada antes de empezar a tragársela con todas las consecuencias.
- ¡Esperaaaaaa! - interrumpió la fresa.
Saltó de la camiseta y gritó como si hubiera vivido siempre estampada en una pared blanca.
- ¿En serio estás pensando en comerme? ¿Te has vuelto loca? ¡Soy una camiseta! Y somos muy amigas, ¿sabes? Te acompañé al parque acuático, fuimos juntas en barca, hemos comido juntas helado de chocolate y...
Fue una bronca monumental y divertidísma.
- ¿Pero qué hacéis con la boca abierta?
La niña y la madre eran incapaces de pestañear, de cerrar la boca o de multiplicar 312 x 7.
- ¡Espabilad chicas! ¿Cuál es el problema? - insistió la fresa.
La madre jugó el papel de madre y tomó las riendas de la situación.
- Eres una fresa en una camiseta, esto no está pasando.
- ¡Pues yo no estaría tan segura! - La fresa tenía una voz de pito dulce.
Tras una breve conversación muy entretenida, pero que no cabe en la cama esta noche de miércoles, la fresa decidió ayudar a su amiga.
- ¿Tienes hambre? Pues no te preocupes, ¡yo soy muy dulce!
La fresa corrió donde estaban todos, y empezó a gritar como una loca. Al principio, todos abrieron mucho la boca, pero lentamente la fueron cerrando para sonreír, y después para reír, y finalmente para gritar "Viva la fresa", que no paraba de contar historias y mimar dulcemente todos los sueños imposibles.
- ¿Soy muy dulce? - gritopreguntó.
- Síiii - todos a la vez.
- ¡Pues ahora necesito un favor!
Y en un momento, reunió un trocito de merienda de todos sus nuevos amigos: plátano y sandía frescos y cortados a cuadraditos; galletas de la abuela con pellizcos de chocolate; zumos de colores imaginarios y frasquitos rosados de leche crecemás.
- ¿Estás contenta? - preguntó la fresa a su niña.
- Oh, fresa, ¡eres increíble!
- Pues no olvides que siempre seré amiga tuya, y que si somos dulces conseguiremos cosas imposibles.
Y, antes de que aquel niño se mojara los zapatos con el agua de la fuente, se volvió a meter en la camiseta.
Guille
Ruizseñor en Martapino
En esta casa de locos bastante cuerdos somos 4: Ariadna y Julieta son las princesas. Marta y Guille son los demás. Marta vive en su planeta Marta, trepando por ramas lejanas y perdidas,caminos que empezaron en las raíces de los libros viejos y olvidados. Marta vive en un Martapino, especie de hoja perenne, o caduca, dependiendo de los sueños estacionales. Y Guille es un ruizseñor que, como tal, solo canta de vez en cuando. Nunca sabes dónde está, ni cuándo vendrá, ni cuándo se marchará. Pero siempre está ahí, escondido en algún Martapino.
En esta casa de locos bastante cuerdos se leen dos tipos de cuentos antes de dormir. Los cuentos escritos en papel, bien encuadernados, y que tienen su propia habitación en la biblioteca.
Y los cuentos imaginarios, totalmente improvisados, torpemente encuadernados por nuestras cabezas, y que, desde hoy, tienen su propia habitación en este blog.
Porque cada noche con vosotras, queridas Marta, Ariadna y Julieta, es un cuento inesperado, un sueño lejano y maravilloso, el final feliz antes de enredar las pestañas en busca de nuevas aventuras. Siempre juntos.
********
Este blog recoge los cuentos inventados, e improvisados, de Guille y Marta para Ariadna y Julieta.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
