martes, 2 de junio de 2015

El país de las cosas imposibles (Guille)

A todos aquellos niños y niñas especialmente sensibles, (es decir, todos), y que acusan especialmente los comentarios de sus amigos del cole.

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- Papá, es que Fulanita me ha dicho esto, y me ha molestado mucho.
- No le hagas caso, Micaela, quizá tenía un mal día...No has de permitir que estas cosas te hagan daño.
- ¿Cómo no lo voy a permitir? ¡Eso es IMPOSIBLE!

Aquella misma noche hicieron la maleta.
- ¡Nos vamos de viaje, Micaela!
- ¿A dónde vamos?
- Al país de las cosas imposibles.

Se llevaron una maleta vacía, una sonrisa que no cabía en el avión y unos cuantos nervios desordenados en un bolsillo: nunca habían estado en el país de las cosas imposibles.

Nada más bajar del avión, encontraron un cartel gigante, más grande de lo que posiblemente pueda imaginar ninguno de vosotros. Decía:
"EN ESTE PAÍS ESTÁ TOTALMENTE PROHIBIDO HACER LAS COSAS POSIBLES. SOLO ESTÁ PERMITIDO HACER COSAS IMPOSIBLES".

El cartel era tan grande que tardaron muchos parpadeos en leerlo. Cuando terminaron, cogieron la maleta para buscar un taxi, pero apareció un agente de seguridad, imposiblemente agradable, vestido con ropa de chocolate y una simpática nariz de payaso que cambiaba de color cada vez que abría la boca.
- Disculpen, no está permitido arrastrar la maleta. Permítanme - se disculpó, mientras levantaba la maleta a un metro del suelo.  - La maleta les llevará a ustedes.

La familia entera se subió en la maleta, y empezaron a volar rumbo al Hotel Miramar. Todos esperaban unas fantásticas vistas del mar desde alguna planta elevada, pero su habitación tenía algo todavía mejor: verían el mar, ¡pero desde dentro! El hotel estaba imposiblemente construido en unas algas gigantes. Las habitaciones acristaladas tenían todo el océano por delante, en el que peces invisibles ofrecían espectáculos divertidísimos, que solo podías ver con aquellas gafas de coral de frutas, que podías comer cuando querías. Las algas gigantes oscilaban cada vez que los caballitos de mar gigantes correteaban por el lugar. Entonces, las habitaciones del hotel se volvían locas y se intercambiaban entre sí, y descubrías algo totalmente nuevo e imposible al otro lado de la ventana.

- Oye, pero no hemos venido a quedarnos en el hotel, ¿verdad?

De manera que toda la familia salió de paseo. Vieron museos invertidos, donde el turista que se quedaba quieto se convertía en protagonista. Entonces todos le hacían fotos, le pedían autógrafos y le preguntaban asombrados de dónde venía y si allí existían las cosas imposibles.

Conocieron el único restaurante del país, donde no había que hacer cola, porque los platos se llenaban de comida con solo imaginarla.

Visitaron parques donde solo se podía caminar a la pata coja, y todos chocaban y se caían y se partían de la risa, y el que aguantaba mucho rato se convertía en flamenco y podía volar al parque de al lado, donde los columpios estaban encadenados a las nubes, y eso sí que era columpiarse muy pero que muy alto.

También vieron monumentos adhesivos, en los que cada uno pegaba una cosa que se le pasaba por la cabeza, y el monumento crecía eternamente; y jugaron al deporte nacional, que consistía en que nadie perdiera nunca, y vivieron un día absolutamente imposible y maravilloso.

Pasaron la noche en el Hotel Miraluna, porque cuando oscurecía, la Luna iluminaba las aguas del mar y las olas convertían las luces en pequeños satélites revoltosos, que de vez en cuando chocaban con la ventana, y entonces dejaban un sueño pegado al cristal, que te podías llevar al día siguiente para soñarlo cuando quisieras.

Al día siguiente volvieron a casa, con la maleta vacía pero llena de cosas invisibles.

Cuando Micaela explicó sus aventuras en el cole, todos le dijeron:
- Venga ya, Micaela, ESO ES IMPOSIBLE.

Pero a Micaela aquel comentario no le importó nada en absoluto, y empezaron a jugar todos juntos hasta que se terminara la hora del patio.

Guille

1 comentario:

  1. ¡Enhorabuena Marta y Guille !,
    voy a empezar a leerselos a mi hija pequeña desde hoy, así que como se hará fan vuestro, os meteré prisa con las entregas, porque a ver qué hago yo como se me acabe el repertorio... jajajaja.

    Un abrazo bien grande sois innovadores ... ¡enhorabuena!.
    Cris Moríñigo

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