- Papá, ¿por qué somos los únicos que no tenemos banderas en la terraza, ni en el coche, ni en la mochila, ni…?
- Para, para… Somos muchos los que no queremos banderas.
- ¿Por qué?
- Porque las banderas sirven para identificar territorios y las personas que viven dentro de ellos, y nosotros preferimos pensar que somos todos iguales.
- ¿Y por qué no hay una bandera para los que piensan como vosotros?
- Tienes razón. ¿De qué colores será la bandera de los que no quieren banderas?
- ¡Azul y verde!
Pronto, millones de personas que no querían banderas colgaron en sus terrazas banderas azules y verdes, también en los coches, en las mochilas, y…
- Pero entonces, ahora también ellos tienen una bandera, y en realidad no querían banderas.
- Tienes razón.
Entonces, todos los propietarios de banderas azules y verdes juntaron sus banderas, las rasgaron, las reciclaron y las convirtieron en camisetas, pantalones, faldas y abrigos para todos aquellos niños del mundo que no tienen ropa.
- Por eso casi todos los niños del mundo van vestidos de azul y verde.
- ¿Es verdad eso, Papá?
En nuestra casa de locos cuerdos se leen dos tipos de cuentos antes de dormir. Los escritos en papel, bien encuadernados, y que tienen su propia habitación en la biblioteca. Y los improvisados, torpemente encuadernados por nuestras cabezas, y que, desde hoy, tienen su propia habitación en este blog. Un blog de cuentos infantiles para personas mayores. Este blog recoge los cuentos inventados, e improvisados, de Guille y Marta para Ariadna y Julieta.
jueves, 26 de octubre de 2017
martes, 4 de abril de 2017
Cuéntame un cuento
Se acomodó un poco. Tenía esa extraña costumbre de dejar una sola pierna cubierta por las sábanas, la otra desnuda, por encima de todo, desafiante. Era como estar entre dos mundos. Una parte de ella se resguardaba del frío y se entregaba feliz, dejándose llevar donde quisieran llevarle los sueños. Su otro lado se resistía, no se rendía nunca, siempre dispuesto a dar cuanto antes el siguiente paso para vivir una nueva aventura.
- ¿Me cuentas un cuento para dormir?
- Claro, - respondió él con falsa convicción.
Quería complacerla, con ilusión, pero sentía a la vez un respeto intimidante y cierto miedo a no estar a la altura. A su manera, también él vivía entre dos mundos. Ella cogió su mano, y él habló lo mejor que pudo. Ni siquiera hoy sabe muy bien lo que dijo. Solo recuerda que ella se durmió. Entonces sintió un escalofrío, cubrió a su madre con una manta, salió cuidadosamente y se marchó a jugar a su habitación.
- ¿Me cuentas un cuento para dormir?
- Claro, - respondió él con falsa convicción.
Quería complacerla, con ilusión, pero sentía a la vez un respeto intimidante y cierto miedo a no estar a la altura. A su manera, también él vivía entre dos mundos. Ella cogió su mano, y él habló lo mejor que pudo. Ni siquiera hoy sabe muy bien lo que dijo. Solo recuerda que ella se durmió. Entonces sintió un escalofrío, cubrió a su madre con una manta, salió cuidadosamente y se marchó a jugar a su habitación.
jueves, 2 de febrero de 2017
El ascensor
Kike llega del colegio y saluda al portero de su casa. Está un poco cansado y entra rápido en el ascensor para no tener que darle mucha conversación, aunque le sabe mal porque es un tipo majo. Clic, le da al botón del decimotercero. Las puertas se cierran y el ascensor empieza a bajar. Espera, ¿a bajar??? Kike no entiende nada. ¡Pero si el ascensor estaba en la planta baja! ¡No hay más pisos! Por un momento, cree que está dormido y se toma un respiro para despertarse. Pero Kike no se despierta. Mira al espejo, preguntándose a sí mismo algo que no puede responderse. Pues sí que estamos bien. En la botonera del ascensor sigue pulsado, en rojo brillante, el botón del decimotercero. Pero el ascensor sigue bajando. Cuando mira por la ventana solo ve una pared oscura y gris. El móvil está sin cobertura. ¿Y el botón de emergencias? Vale, no funciona por culpa del estúpido vecino de abajo. ¿La gente no puede ser educada y respetuosa? Por un momento cree que el ascensor se va a detener, pero no es así. ¿Grito? Lo prueba, al principio con la voz muy pequeña, como un puente lejano. Kike, se anima, o igual se desespera y, ahora sí, grita con todas sus fuerzas. “¡¡¡¡Socorr!”” Antes de la última “o”, el ascensor se detiene. Uau. Silencio. ¿Alguien me ha oído? ¿Lo pregunto? Vale, lo pregunto, ¿Hol? Pero antes de la “a”, el ascensor empieza a subir. Kike se vuelve a mirar al espejo. Se le escapa la risa. Una risa rara, un poco histérica, una risa que no ha sido nunca la suya, hasta ahora, supongo. La bajada le pareció eterna, pero ha subido muy rápido, porque ha visto pasar la planta baja, y el 1 de la botonera se pone rojo, intermitente, como avisándole de que pronto llegaría el 2. El 2 grita, en silencio, y se pone muy rojo para avisar de que llega el 3, y así hasta llegar al decimotercero. El ascensor se detiene, y Kike no sabe qué hacer. ¿Ya está? ¿No más sorpresas? Abre la puerta con cuidado, pasa al otro lado, y la cierra con cuidado, despacio, estudiando con la mirada cada rincón del ascensor. Vale, puerta cerrada, no entiendo nada. Saca la llave de la mochila, entra en casa. Deja la mochila en el suelo y se sienta en el banco del recibidor.” Espera”, piensa. “Yo no tengo ascensor. Ni tampoco hay portero. Vivo en una casa de una sola planta.” Kike da un salto para ponerse en pie. Mira a su alrededor asustado. Está en casa, su casa, la de verdad, la de siempre. “Hola Kike”, aparece su madre con el delantal. Huele a bizcocho. Está preparando un pastel. Su madre tiene las manos manchadas de chocolate y sostiene dos velas, un 1 y un 3, rojos, grandes. Como los botones de aquel ascensor.
Estela
ESTELA
Estela no podía dormir. ¿Por qué? Porque no sabía por qué se iba a dormir. Estela siempre preguntaba por todas las cosas. ¿Por qué comemos? ¿Por qué respiramos? ¿Por qué la puerta se llama puerta? ¿Por qué me llamo Estela?
- Por una amiga nuestra. La queríamos mucho y era muy especial, y dejó una huella en nosotros como la estela de un barco que surca los mares o el avión que cruza el cielo en una clara mañana de invierno - contestan sus padres.
- ¿Y por qué me voy a dormir? – pregunta otra vez Estela, perfectamente arropada.
- Hay muchas razones para ir a dormir - siguen los padres. - La mayoría de las veces vamos a dormir porque necesitamos descansar, de lo contrario al día siguiente no tenemos fuerzas, somos como un juguete sin pilas. A veces ir a dormir es una renuncia, un pequeño fracaso, porque quieres seguir despierto pero sabes que no debes hacerlo. Pero a algunas personas les encanta dormir. Para ellos, ir a dormir es el mejor momento del día porque al fin pueden hacer lo que más les gusta. Ir a dormir, en sus cabezas, es un gran éxito, y se acuestan felices. Si tienes un mal día, a veces vas a dormir para no estar despierto, y dejas que los sueños te lleven a otro lugar, y confías en que, simplemente, mañana será otro día.
- ¿Por qué mañana será otro día?
- Porque cada día es diferente. Es una frase hecha, significa que mañana tienes la oportunidad de empezar de cero, olvidar lo ocurrido, dejar el pasado atrás y…
- Vale, vale – interrumpe Estela. Le interesaba más aquello de por qué vamos a dormir. - ¿Entonces vamos a dormir para soñar?
- A veces. Depende de cada persona, y de cada día. Si tu día ha sido una pesadilla, ir a dormir es un descanso. Pasas el día soñando en que te irás a dormir y ese día se habrá acabado. Pero si tu día ha sido genial y se tiene que acabar, ir a dormir es una pesadilla. Algunos se van a dormir por seguir una rutina, porque necesitan que todo esté ordenado en su cabeza. Otros van a dormir con la esperanza de que su cabeza les lleve a un lugar al que no pueden ir despiertos.
- ¿Cómo?
- Algunas ideas solo se te ocurren cuando estás dormido. Es algo que pasa con cierta frecuencia. También hay gente que se va a dormir porque se muere de ganas de que llegue el día siguiente, no pueden esperar más, y se duermen para no impacientarse más. Algunas parejas se van a dormir para abrazarse y sentir que su día ha estado muy bien porque lo han vivido juntos. Hay gente que se va a dormir para sentirse fuerte al día siguiente, pero también te puedes ir a dormir para no sentirte débil mañana. Y la mayoría de la gente se va a dormir sin pensar por qué se va a dormir – dicen los padres, mirándose cómplices. – Venga, Estela, ¿por qué te vas a dormir tú?
Pero Estela ya se ha dormido.
- No te preocupes – susurran sus padres al oído .- Tienes toda la vida para descubrirlo.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)